Infiernos personales, It y el origen del mal

Stephen King it
Uno de las mejores obras de King

Decía Oscar Wilde (y yo siempre estoy de acuerdo con él) que cada uno somos nuestro propio demonio y hacemos de este mundo nuestro infierno. Es, sinceramente, una de las cosas más inteligentes que he leído en mi vida, y resume, de alguna manera, el concepto de los relatos que escribo, y que está contenido en mi nueva antología Infiernos personales (Ed. Hijos del Hule).  El individuo y la naturaleza humana como origen del mal.

Creo que quienes leemos terror y fantasía oscura tenemos una particular sensibilidad al mal. Leemos (y algunos escribimos) sobre él porque, quizás, de alguna manera, necesitamos encontrarle una explicación, nos cuesta creer que esos actos que nos estremecen puedan existir fuera de las tapas de un libro. Al menos, ese es mi caso.

Seguramente estaréis de acuerdo conmigo en que It, de Stephen King, es, además de una gran novela, un amplísimo tratado sobre el mal. King es una de mis escritores favoritos, quizás porque me da la sensación de que él, como yo, exorciza sus demonios a través de sus escritos. En este libro en particular, las formas en que dibuja las diferentes expresiones del mal son, a la vez, sorprendentes e inquietantes.

Desde luego, el payaso Pennywise es la concentración de toda esa maldad, pero las decenas de historias paralelas y subtramas del libro nos hablan de algo más que un demonio que ha habita en las cañerías de Derry. Esa diabólica encarnación, cuya apariencia ha sido cuidadosamente escogida por el autor, en simplemente el resultado de toda la decadencia de aquel lugar, de aquellas personas, de este mundo. Me aterra y me fascina ese concepto de mal concentrado, en plan Fairy.

Los que han leído el libro saben (ALERTA SPOILER) que en el origen estaban It y la Tortuga, que el primero era el mal y el segundo, el bien. Pero cuando los protagonistas de la novela vuelen a Derry, veinte años después de haber vencido a Pennywise por primera vez, la Tortuga ha muerto. “La Tortuga no pudo ayudarnos”, se repetía de cuando en cuando Stan Uris, incluso el mismo día en que decidió que era mejor morir antes que volver a enfrentar al mal.

Y a pesar de admiración por esta obra maestra de la literatura de terror, tengo que decir que en este punto difiero con King. El mal no es un demonio vestido de payaso que ha sobrevivido a la Tortuga. El mal reside en cada persona, y no hay héroes capaces de acabar con él para siempre. El infierno personal de cada uno es de donde salen los demonios que a veces hacen de este mundo un lugar difícil de entender y de habitar. Esos demonios que solo podemos aspirar a mantener bajo control nosotros mismos.

Infiernos personales, mi nuevo libro, también es un (mucho más breve) tratado sobre el mal, pero no llega tan lejos como It (ni pretendo compararme con Stephen King, claro que no); los relatos contenidos en esta antología escarban en la maldad generada por nosotros mismos, resultado de las malas circunstancias y las peores decisiones. En el origen, y en el final, solo está la naturaleza humana.

Espero que lo disfrutéis.

¿Qué te ha parecido?

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *