Navidad, horrible Navidad ¿Qué celebramos?

Herodes y la navidad
La matanza de los inocentes, de Rubens

Advertencia: aunque el texto hace referencia a hechos relacionados con el cristianismo, su intencionalidad es completamente ajena a cualquier doctrina. Sin embargo, su contenido puede resultar violento y herir algunas sensibilidades. Así que aconsejo a los lectores muy religiosos que la lean con mente abierta, o mejor pasen a la siguiente entrada. La religión no es el tema de este blog, así que no responderé a ningún comentario en este sentido. Gracias y Feliz Navidad.

Se dice que la Navidad es tiempo de amor y alegría, que celebramos el nacimiento del salvador de los cristianos (o, según donde nos encontremos, celebramos algo de origen cristiano que no debería hacer referencia alguna a la religión para no ofender a nadie, pero esa es OTRA historia de terror), pero ¿os habéis puesto a pensar en los hechos históricos (aunque a veces inexactos) que celebramos?

Vamos a empezar con la peregrinación de los señores padres de Jesús. Por cuestiones burocráticas (don José había nacido en Belén y pero trabajaba en Nazareth, como cualquier inmigrante de hoy en día, vamos), y la ley los obligó a volver a su lugar de origen para cumplir el trámite del empadronamiento (cualquier extranjero en España entenderá la pesadilla que eso puede implicar), así que, con la mujer a punto de explotar, comenzó su vuelta a casa, con tan mala suerte que María se puso de parto antes de tiempo y tuvo que dar a luz en un establo, entre un buey y una mula, como dice la canción. Y en el Belén es algo bucólico, animalitos reverenciando al Dios encarnado, la expresión plácida de la madre abrazando a su hijo.

Pero, si nos ponemos a imaginar la escena como pudo haber sido, os aseguro que no es nada que queramos contar a nuestros hijos. Primero, un marido complemente inútil, seguramente más asustado que María y todos los animales juntos. Luego, la pobre mujer, aguantando los dolores de parto. Es probable que sus gritos se mezclaran y desvanecieran detrás de los mugidos de una vaca que, intranquila ante los acontecimientos, se quejaba a viva voz. Luego la sangre, ¿cuánta paja se necesita para absorber toda la sangre de un parto? Y luego, claro, toda la limpieza tuvo que haberse hecho en el abrevadero, donde los animales habrán bebido, lo que implica que fueron ellos, y no los apóstoles, los primeros en probar la sangre de Cristo (la de su madre, al menos, que en principio tendría que haber sido la misma). Por último, cuando todo había acabado, las gallinas disputándose los restos de placenta. Si inicio una historia de terror con esta escena, sin referencia cristiana alguna, la gente como nosotros la va a leer.

Pero desde luego, Herodes, el asesino de niños, es el cuento de terror por excelencia. Y es mejor de lo que nos pensamos, porque un infanticidio masivo es feo, pero todo escritor sabe que la particularización es fundamental cuando se trata de literatura. Y es que Herodes el Grande era un personaje interesante donde los haya, mucho más que el rey loco que ordena una matanza basándose en una profecía. No, no, él era mucho más expeditivo.

Este rey, por otra parte considerado un buen gobernante, mandó matar a mucha gente, pero lo que lo ha hecho pasar a la historia como el “asesino de inocentes” fue la ejecución de sus dos hijos a instancias de su hijastro, al que más tarde también mandó al verdugo. Pero el señor no discriminaba, pues también mató a su padre, abuelo y a una de sus esposas (vale, en eso Enrique VIII no tiene rival, hay que reconocerlo).

¡Ay! Lo que yo podría con un personaje como este en uno de mis relatos. Pero, como muchas cosas en este mundo, la realidad supera a la ficción.

En este enlace podéis encontrar un artículo sobre la vida y obra (en todos los sentidos) de Herodes.

Feliz horrible Navidad, queridos.

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